Por: Franflin Gutierrez, especialista en educación intercultural y lenguas originarias
1. La paradoja del joven que aprendió aymara y dejó de hablar con su abuela
Hace pocos meses, una historia publicada en Aymara Para Todos conmocionó a quienes trabajamos en educación intercultural. Un joven, hijo de migrantes aymaras en la ciudad, había completado un curso universitario de aymara con honores. Dominaba la gramática, el alfabeto y hasta la sintaxis compleja. Pero cuando volvió al pueblo a visitar a su abuela, no pudo conversar con ella. No porque ella no entendiera sus palabras, sino porque él ya no sabía escuchar las de ella. Había aprendido un idioma, pero había perdido el vínculo.
El artículo original llamó a esto «malevolencia inadvertida»: el daño que causamos cuando creemos hacer el bien, pero sin verificar si el receptor —en este caso, la comunidad hablante, la abuela, el territorio— valida ese bienestar. Es un concepto que duele, porque pone en jaque toda nuestra retórica sobre «salvar las lenguas originarias».
Pero ¿cómo evitar caer en esa trampa? Para responderlo, he recurrido a un marco que, aunque nació fuera de la lingüística, ilumina exactamente este problema: la Teoría de la Vida DASBIEN de Andy Kid Figueroa Cárdenas, específicamente su Libro II (2026), donde se desarrolla la Zona de Interacción Equilibrada (ZIE) y el aprendizaje como condición transversal de toda relación vital.
2. La Teoría DASBIEN en la sala de clase aymara: ¿estamos en ZIE o en ZIE rota?
Según Figueroa Cárdenas (2026), «amar es dar algo bueno, pero bueno según quien lo recibe» (p. 2.5.6). Esta frase, que parece obvia, es la que más se viola en los programas de revitalización lingüística. El profesor universitario enseña aymara desde la ciudad, con métodos occidentales, con certificados y exámenes. Cree dar «algo bueno»: el idioma. Pero ¿validó el receptor ese bienestar? ¿La abuela, la comunidad, el territorio, se sienten reconocidas en ese aymara urbano, académico, descontextualizado?
En términos DASBIEN, la interacción entre el programa de aymara y la comunidad originaria suele tener una sola línea ondulada: subjetivación pura. El docente piensa en el otro (la comunidad aymara), se imagina lo que necesita, pero no verifica. Como advierte Figueroa Cárdenas (2026), «la l√≠nea solitaria es una advertencia: aqu√≠ hay intenci√≥n, pero no hay amor validado» (p. 2.10.2).
La Teoría DASBIEN propone que una interacción plena requiere tres líneas onduladas:
- Subjetivación (me pongo en el lugar del otro)
- Intención ajustada (actúo basado en lo que investigué de él)
- Retroalimentación (verifico con el receptor y ajusto por su respuesta)
El joven del artículo tenía la primera línea: quería honrar a sus ancestros. Quizás tenía la segunda: estudió seriamente. Pero carecía de la tercera. No retroalimentó con su abuela. No ajustó su aprendizaje por la experiencia compartida. Y sin esa tercera línea, la interacción es paternalismo informado, no amor DASBIEN.
3. Evaluación ordinal: ¿dónde falló la ZIE de la revitalización lingüística?
El Libro II propone una rúbrica DASBIEN-5 para evaluar interacciones. Apliquémosla al caso del joven y su abuela, pero también al programa educativo que lo formó:
| Dimensión | El programa universitario | El joven | La abuela / Comunidad |
| Sensor | Nivel 4: Detecta el «vacío» de lenguas originarias, pero no calibra según la variante comunitaria real. Enseña aymara estandarizado, no el aymara de la abuela. | Nivel 3: Detecta la importancia de su raíz, pero su sensor está desconectado del habla viva del hogar. | Nivel 1: No es consultada. Su aymara, su mundo, sus palabras no entran al currículo. |
| Alerta | Nivel 2: Solo reacciona ante la «extinción» del idioma, no ante el rompimiento del vínculo. No anticipa que enseñar sin contexto genera alienación. | Nivel 2: No anticipa que su nuevo aymara «académico» será incomprensible o hiriente en la cocina de la abuela. | Nivel 1: No puede alertar. No hay mecanismo institucional para que su malestar llegue al aula. |
| Estructura | Nivel 4: Estructura académica sólida, aulas, libros. Pero no optimiza por experiencia comunitaria. Es rígida. | Nivel 3: Estructura cognitiva nueva (gramática), pero frágil emocionalmente. No sostiene la relación real. | Nivel 2: Estructura comunitaria desgastada por migración. La abuela no puede sola reparar el vínculo roto. |
| Bienestar recíproco | Nivel 2: Bienestar ilusorio. El programa «salva» el idioma, pero ¿para quién? No valida con la abuela. | Nivel 2: Bienestar parcial. Se siente orgulloso, pero no puede conversar. | Nivel 1: Daño validado. La abuela escucha un aymara que no es el suyo, de un nieto que ya no sabe preguntarle cómo está. |
| Entropía | Nivel 2: Acumula graduados que no hablan con sus comunidades. Genera «expertos» que miran hacia abajo el aymara «informal» de los ancianos. | Nivel 3: Desgaste emocional no reparado. Vergüenza, distancia. | Nivel 2: Pérdida de transmisión intergeneracional. Cada graduado que no vuelve a conversar con su abuela es entropía cultural. |
Suma del sistema: 10–12/25 → ZIE Tensa baja, al borde de la ZIE Rota.
El programa no es malo en sí. Pero falta aprendizaje mutuo. Como señala Figueroa Cárdenas (2026), «sin aprendizaje en mínimo 1 fundamento, el sistema no es vida DASBIEN» (p. 2.5.5). Aquí, la comunidad hablante no está aprendiendo del programa, ni el programa está aprendiendo de la comunidad. Es una relación estática: datos que fluyen en una sola dirección, sin circuito vital.
4. Yachay y Kawsay: la lección andina que DASBIEN recupera
Uno de los aportes más valiosos del Libro II es la incorporación explícita del pensamiento andino. Figueroa Cárdenas recuerda que en quechua, yachay (aprender) y kawsay (vivir) son interdependientes; incluso en algunas variantes se expresan con la misma palabra (p. 1.1). «Vivir requiere un aprendizaje continuo» (p. 1.1).
Esto tiene una consecuencia radical para la enseñanza de lenguas originarias: no se puede enseñar aymara si no se vive aymara. Y no se vive aymara sin ayni —la reciprocidad, el principio cosmológico de dependencia mutua que menciona Figueroa Cárdenas (2026, p. 2.5.6). El ayni no es «yo te enseño y tú me agradeces». Es: ambos modificamos nuestra conducta por la experiencia compartida.
Cuando el joven aprendió aymara en la ciudad, lo hizo sin ayni. Recibió información, pero no dio nada a cambio que la abuela pudiera valorar. No le devolvió el idioma en el contexto de su relación. No practicó el suma churaña, suma katukaña —saber dar y saber recibir— que el libro menciona como eje del buen vivir andino (p. 2.7.1).
La «malevolencia inadvertida» del artículo original es, en términos DASBIEN, una asimetría creciente en bienestar: el programa gana prestigio académico, el estudiante gana un certificado, y la abuela pierde al nieto que ya no sabe hablarle. «La asimetría no es desigualdad momentánea; es desigualdad creciente sin mecanismo de corrección» (Figueroa Cárdenas, 2026, p. 2.7.12).
5. Protocolo ZIE para la revitalización lingüística: cómo enseñar sin romper el vínculo
¿Cómo restaurar la ZIE en un programa de aymara o quechua? El Libro II propone el protocolo de restauración ZIE cuando el sistema ha entrado en tensión (p. 2.7.11). Lo adapto aquí para docentes, gestores culturales y familias:
Paso 1: Calibrar el sensor
Antes de diseñar el currículo, el docente debe pasar tiempo en la comunidad. No como etnógrafo distante, sino como receptor. Escuchar el aymara de la abuela, con sus regionalismos, sus ritmos, sus silencios. Como dice Figueroa Cárdenas: «el sensor debe calibrarse por experiencia» (p. 2.5.2). Si el aymara de la universidad no puede usarse en la chacra o en la cocina, el sensor está ciego.
Paso 2: Reactivar la alerta con anticipación
El programa debe anticipar el riesgo de alienación. ¿Qué pasa si el estudiante aprende a mirar el aymara de su abuela como «incorrecto»? La alerta debe activarse antes de que el daño sea irreversible. Como señala el libro: «sin alerta que anticipe, el ser se rompe sin aprender» (p. 2.5.3).
Paso 3: Verificar bienestar desde el receptor
La abuela debe ser consultada. No como «informante», sino como validadora. ¿Reconoce ella en el aymara enseñado el aymara que ella habla? Si la respuesta es no, el programa está en «bienestar ilusorio» (Nivel 1 o 2 de la rúbrica), no en reciprocidad real.
Paso 4: Introducir aprendizaje mutuo
El estudiante no debe solo «recibir» el idioma. Debe dar algo a cambio que la comunidad valore: ayuda en la chacra, registro oral de historias, enseñanza de lectoescritura a los adultos mayores que no tuvieron escuela. Así se cierra el circuito: yachay y kawsay, aprender y vivir, se vuelven uno solo.
Paso 5: Densificar las tres líneas onduladas
El diagrama DASBIEN de la interacción debe mostrar tres líneas onduladas entre estudiante y comunidad, no una. Subjetivación (me pongo en tu lugar), intención (actúo según tu mundo) y retroalimentación (ajusto por tu respuesta). Como recuerda el libro: «si solo hay 1 línea, aprendemos a preguntar: ¿y si le pregunto al perro qué prefiere?» (p. 2.4.7). Cambiemos «perro» por «abuela», y la pregunta sigue siendo válida.
6. Conclusión: más allá de la «salvación» del idioma
La revitalización lingüística no es un proyecto de conservación museográfica. Es una relación viva. Y toda relación viva, según la Teoría DASBIEN, debe cumplir una condición mínima: aprender de sus interacciones en al menos uno de sus fundamentos (sensor, alerta o estructura) para mejorar su capacidad de bienestar recíproco (Figueroa Cárdenas, 2026, p. 1.3).
Si nuestros programas de aymara no aprenden de las comunidades que dicen proteger, no son programas vivos. Son herramientas sofisticadas, como el termostato que Figueroa Cárdenas menciona: «siente temperatura, alerta ante desviaciones y se sostiene mecánicamente; sin embargo, no aprende» (p. 1.2). Un programa de lengua que no aprende de su comunidad es un termostato cultural: funciona, pero no vive.
La próxima vez que diseñemos un curso de quechua, aymara, shipibo o awajún, hagámonos la pregunta DASBIEN antes de imprimir los silabarios: ¿esta enseñanza genera una ZIE expansiva, o estamos acumulando entropía cultural que romperá vínculos irreemplazables?
Si el joven hubiera aprendido aymara con su abuela, y no sin ella, la historia habría sido otra. Y eso no es lingüística: es ética del cuidado relacional, aplicada a la palabra.
Referencias
- Figueroa Cárdenas, A. K. (2026). Teoría de la Vida DASBIEN – Parte II. Editorial Tecnologías Dasbien. Lima, Perú. DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.20247741
- Aymara Para Todos (2026, 17 de febrero). El joven que aprendió aymara en la ciudad y olvidó cómo hablar con su abuela: por qué enseñar idioma sin vínculo puede ser malevolencia inadvertida. Recuperado de https://aymaraparatodos.com/2026/02/17/el-joven-que-aprendio-aymara-en-la-ciudad-y-olvido-como-hablar-con-su-abuela-por-que-ensenar-idioma-sin-vinculo-puede-ser-malevolencia-inadvertida/